V E J E Z

Ha permanecido durante años aculta, viviendo entre sombras, dice ya no recordar el sol y hace meses que no ve un árbol.
Dedica su tiempo en moler migajas de trigo y en jeroglificar las paredes.
Desde los doce año lleva enclaustrada por su propia voluntad en una chavola de barro, paja y estiercol...
Dice no creer más que en el esfuerzo de sus manos y en el doloroso paso del tiempo por su prestado cuerpo.
Dice saber hablar con seres inertes tales como la arena de su suelo, el cesto que tacta cada día,
o las finas fibras de su ropa.

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